Lo pulso, no lo pulso.

Mi primera idea fue escribir un hilo para responder en twitter a la noticia que en su perfil ha publicado la ONCE, pero he pensado que era mejor escribirlo en el blog donde no tengo ni límite de carácteres ni que pensar en recortar lo que se me viene a la mente ante tal dilema.

Hablan de líneas de investigación para solucionar un grave problema como puede ser para un ciego utilizar un ascensor.

La noticia es esta.

Vale. alguien diría que un ascensor es muy peligroso porque vaya usted a saber quién y cómo ha tocado los botones, por lo que hay que inventarse algo que evite que el ciego realice esa peligrosísima acción a riesgo de infectarse buscando el pulsador.

Se acabaría antes subiendo por las escaleras, pero ante la disyuntiva de tocar unos pulsadores o agarrarme a la barandilla, la comodidad y la garantía de tocar menos cosas hacen que me decida por el ascensor.

Bien, ahora vamos a realizar juntos esa peligrosa hazaña de bajar a la calle, o volver a casa, porque total, peligrosa siempre lo es.

Lo primero: Los guantes para las personas ciegas son una barrera a la hora de permitirnos aprovechar nuestro tacto para tocar con las manos y hacerlo con precisión. Su peligrosidad en nuestro caso aumenta porque lógicamente tocamos muchas más cosas que la gente que ve por lo que están descartados.

Lo segundo: si no llevas guantes, … como mantienes una correcta desinfección de tus manos?

Armados de gel hidroalcohólico Nos lanzamos a la aventura. Los ciegos tenemos que llevar muchas cosas a la hora de aventurarnos en nuestra vida en la calle. Un bastón o perro guía, un teléfono, unos auriculares, las llaves de casa, (Cuidado con los porteros automáticos que los infecta el diablo,) Pañuelos de papel, mascarilla, mascarilla de recambio por lo que pueda pasar, un sobre de papel para cuando necesitemos guardar la mascarilla, otro sobre de papel para la de recambio, el bote de gel, Cartera, tarjeta de crédito (ojo con pagar en efectivo porque las monedas y billetes también los infecta el diablo,) y nuestro bote de gel.

Bien, hecho el inventario salimos de casa, y … donde metemos el bote de gel? Si lo meto en el bolso o riñonera, cuando lo necesite, como lo cojo sin infectar el resto de cosas que llevo allí, incluidas las mascarillas? O le dejo un solo compartimento, quizás lo más seguro o … Nada, un compartimento para el gel, porque lo de llevarlo colgado al cuello no parece ni cómodo ni estético.

Cierro la puerta de mi casa, y meto las llaves al seguro. Debo ya desinfectarme las manos?

Ah, sí, que has de pulsar el botón del ascensor. Gel.

Pulso el botón y espero pacientemente que llegue el ascensor pero … Si el botón ya estaba infectado yhe infectado? Puedo tocar la puerta del ascensor? Si estaba infectada me infectaré? si no lo estaba puedo yo pasar el virus del botón que no sé si estaba infectado a una puerta que no se si está infectada o si lo estará después de mi acción?

Gel.

Abro la puerta del ascensor, y … en mi caso el que tengo tiene puertas interiores por lo que puedo abrirlas de una patada o plantearme el dilema anterior sobre infectar o infectarme. La patada es efectiva, un ahorro de gel.

Pero ahora toca lo difícil: cerrar las puertas y pulsar el botón.

Lo de cerrarlas a patadas no es tan práctico como abrirlas, pero volvemos a lo de antes: Estarán infectadas? me infectaré? servirá el gel que utilicé antes y me permitirá hacerlo sin riesgos? Por si acaso: gel.

Busca el botón, y púlsalo. Gel.

Mientras te lavas las manos y el ascensor viaja entre pisos … tenemos otro dilema serio: Puedo abrir las puertas internas porque tengo las manos desinfectadas, o ya me habrá pasado lo que dejó el vecino si dejó algo. Puedo abrir la puerta externa con el pie, porque va hacia afuera y se puede, pero … Tengo que cerrar las puertas internas para que otro vecino pueda utilizar el ascensor. Qué hago? Me servirá el gel que utilicé? Tengo que desinfectarme nuevamente las manos? Me infectaré al cerrar las puertas con lo que dejó el vecino? Seré yo el contagiador oficial del edificio? Vaya dilema! Ahora empiezo a acordarme de la asamblea de vecinos que no hicieron caso cuando les pedí las puertas automáticas en el ascensor y me vienen ganas de dejarlas abiertas por tocar la moral a esos agarrados. Gel. Cierro las puertas y la externa se cierra por el muelle. Gel.

Abro la puerta de la calle y … gel. Porque claro, a saber quien ha tocado esa puerta y a saber si estará contaminada.

Mi cabeza ha necesitado un esfuerzo suplementario para no dejar ningún protocolo sin seguir,y al llegar a la calle, la mascarilla me bloquea los olores que me sirven para orientarme. El café del bar, la fruta fresca de la frutería, El olor inconfundible de los comercios de chinos, … Por qué todos tienen el mismo ambientador? No siento el viento en mi cara, ni siquiera esas variaciones de temperatura para muchos imperceptibles que se producen al pasar por delante de las puertas de los locales abiertos.

Bueno, eso los que queden, y suponiendo que pueda pasar por delante y siguiendo la pared para orientarme, porque como hay que reactivar la economía resulta que el bar de la esquina ha plantado sus mesas en dos perfectas filas una pegada a la pared y otra pegada al borde de la mesa. Con las prisas ha comprado la primera sombrilla que ha encontrado, o ha rescatado la de los mundiales del 82 en los que no había normativa sobre altura, y ahí estoy yo intentando caminar por la acera sin llevarme las sillas de la terraza o dejarme un ojo con la barilla de la sombrilla.

He perdido el olfato por la mascarilla, la sensación de tacto en la cara que me da cierta información para orientarme y definitivamente he perdido los nervios y ya no recuerdo para qué he salido de casa.

Vale, lo último no es del todo cierto, pero … creéis que verdaderamente lo importante ahora es invertir el tiempo en investigar como evitar pulsar un botón de un ascensor?

No sería más necesario invertir en sensibilizar a la gente sobre nuestros problemas? Para cuando consigan sacar adelante la tecnología avanzada que evite pulsar el botón de marras, todos los ciegos estaremos infectados o con la crisma rota.

En fin, que mientras he ido escribiendo todas estas ideas, se ha hecho la hora de salir a pasear al perro, que no entiende qué hemos hecho para ir con bozal cada vez que lo sacamos a la calle.

Mi idea con estas líneas es doble: sacarte una sonrisa mientras las lees, y hacerte pensar en que las cosas no son tan sencillas como nos las quieren hacer ver.

Vuelve a abrir la puerta interna del ascensor, y

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